Uno de los grandes peligros a los que se enfrenta Rajastán es la deforestación y la consecuente desaparición de especies autóctonas. Los Parques Nacionales de Sariska, Rantjambhor y Keoladeo, son tres buenos ejemplos de los esfuerzos del estado por la conservación de las especies.
Aunque las masivas cacerías de los británicos y los rajás indios, y la tala indiscriminada de bosques han causado efectos desastrosos, en las últimas décadas el estado ha tomado serias medidas encaminadas a la protección del medio ambiente creando numerosos parques, cotos y reservas naturales.
En Rajastán existen tres grandes reservas naturales que en un pasado fueron cotos de caza de la aristocracia británica e india. El turismo, a pequeña escala, representa una forma sostenible de financiar estos refugios de la vida salvaje.
Parque Nacional de Sariska
La reserva, gestionada por el Proyecto Tigre desde 1979, ocupa 800 km2 de extensión en los que habitan toros azules, sambares, ciervos moteados, jabalíes y tigres. Alberga templos en ruinas, un fuerte y un palacio transformado en hotel, el Hotel Sariska Palace. El Parque puede visitarse durante todo el año, a excepción de los meses de julio y agosto (época de monzón). La mejor manera de observar la fauna es alquilando un “escondite” para pasar la noche en plena naturaleza.









